CANNABIS PARTE 1: ¿NO HACE NADA LA MARIHUANA?

El debate sobre la legalización en torno a la marihuana ha venido hace un buen tiempo ocupando uno de los primeros planos en la discusión pública. Llama especialmente la atención que este debate se ha centrado fundamentalmente en opiniones personales y cuestiones éticas. Poco se habla de los aspectos científicos y psicológicos relacionados al consumo de esta sustancia. Por ejemplo, un tema que se discute comúnmente es si la marihuana es o no adictiva, ignorando qué dice la ciencia sobre esto. Tal vez una pregunta que no ha aparecido y que es necesaria es ¿qué nivel de información tiene la sociedad en donde se va a permitir el consumo de esta sustancia? ¿cuánto se sabe en Chile sobre esta droga?


Hoy en día, la marihuana es la única droga considerada como poco perjudicial y hasta beneficiosa. O como dijo una vez uno de mis pacientes: "Que sirve pa' todo, que hace bien pa' todo. Si al final eso es lo que te venden, ese es el emblema de la w#@". De entre sus ventajas más evidentes están los múltiples usos medicinales que tiene. También se habla comúnmente de ventajas en comparación con otras drogas. Por ejemplo, no existe información de muertes generadas por consumo de marihuana, no se registran habitualmente casos de violencia o de delincuencia que tengan como causa directa su consumo, su uso recreativo está vinculado más a la relajación que a la exaltación que generan otras drogas, es un producto natural y, lo más evidente, puede producir una sensación de bienestar.


Por otra parte, hay información sobre las desventajas de la marihuana que ha sido ampliamente documentada, pero poco difundida. Lo que llama la atención es que esta información es bastante abrumadora y aun así muy desconocida. La gente sabe poco de su potencial adictivo, si representa riesgos para la salud y si puede afectar la vida de un individuo a nivel social, laboral y familiar.


En relación a su potencial adictivo, por ejemplo, se estima que cerca de un 10% de los consumidores genera dependencia a esta sustancia. Es decir que en un “carrete” de 100 personas donde 40 fuman, estadísticamente 4 personas son o se harán adictos. El número aumenta a un 17% cuando el inicio del consumo es en la adolescencia y de un 25 a un 50% en los consumidores diarios de marihuana. Respecto a los daños sobre la salud, los estudios indican que genera problemas respiratorios y aumentos de la frecuencia cardiaca acrecentando el riesgo de ataque al corazón, consecuencias idénticas o muy similares a los riesgos asociados al alcohol y el tabaco. También se ha vinculado la marihuana a afecciones psiquiátricas del grupo de las psicosis y, especialmente en adolescentes, a problemas en funciones como la memoria, la concentración y la atención, que son bastante notorias y a menudo generan inquietud en profesores y padres.


Otros estudios hablan del incremento de la potencia de esta droga. Dentro de los cientos de compuestos cannabinoides que posee la planta, el delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) es el que genera la alteración de conciencia, el que “vuela”. Y es también el que posee el potencial adictivo, alterando los circuitos dopaminérgicos del cerebro (los mismos alterados por sustancias como la cocaína, el alcohol o la heroína). La medición de muestras ha expuesto un incremento de la concentración de THC que va de 3,7 en 1990 a 9,6 en 2013. O sea que hace 25 años atrás habría que haber fumado casi tres pitos para lograr uno de hoy. Aquellos que probaron esta droga en los sesenta y setenta, teóricamente tendrían que haber fumado cinco o seis.


Es posible que la legalización del cultivo de marihuana fuese una buena medida, en tanto ayudaría a combatir el narcotráfico, a reducir el consumo de variedades más nocivas como el “porro” y abriría la posibilidad del uso medicinal de esta droga. Además hay personas que sienten su libertad pasada a llevar y que reclaman su derecho de poder decidir, de “cultivar sus derechos”. Pero por otro lado, también es verdad que existe amplia información que refiere a los perjuicios de esta droga, perjuicios de hecho graves, y esa información a menudo no es de dominio público. Ahí la libertad no es tal, porque una decisión hecha sobre conocimiento escaso, no es realmente una decisión libre. Esta falta de información coloca la desventaja de permitir una droga en un país donde no se sabe bien qué es y qué hace. Es difícil anticipar los efectos que eso pueda tener. Los medios de comunicación son los principales encargados de difundir estos datos, pero como una apasionada opinión personal genera más raiting que una estadística o un antecedente científico, se privilegia lo uno antes que lo otro. Es necesario dar un giro al debate. Hay discusiones donde la ética y las experiencias personales juegan un rol fundamental, pero de lo que aquí se está hablando es un tema de salud pública, por lo que la conversación debiera tratarse de los aspectos técnicos, de la ciencia y la biología que hay detrás y de lo que la experiencia profesional ha podido capturar en relación al fenómeno del consumo de marihuana (de esto último se hablará en la segunda parte).



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