PUNTOS DE ENCUENTRO ENTRE MEDITACIÓN Y PSICOTERAPIA

En las últimas décadas hemos sido testigos de un acercamiento entre las disciplinas de la Meditación y la Psicoterapia. En general la psicología, y específicamente la psicoterapia, han mostrado interés en diversas disciplinas originarias de Oriente, viendo en ellas un tesoro de numerosas prácticas y amplios conocimientos milenarios en transformación personal, el cual se puede aplicar a la investigación académica o a la atención clínica de pacientes. Ahora ¿cuáles han sido los intentos concretos por realizar un acercamiento entre estas dos prácticas? ¿Qué se conserva de la meditación con su incorporación a la psicología? ¿Qué queda fuera en este intento? En este artículo veremos tres principales formas que ha asumido este encuentro.



Los primeros esfuerzos de integración de la meditación fueron denominados Mindfulness y representan propiamente una práctica. La Mindfulness, o Atención Plena, consiste en prestar atención en el presente a un objeto específico, siendo conscientes del surgimiento de los pensamientos y sentimientos sin ejercer un juicio sobre ellos, volviendo a posar la atención sobre el objeto, las más de las veces la respiración. Una de las principales figuras de este movimiento es Jon Kabat-Zin, biólogo molecular estadounidense que estudia con monjes budistas, entre ellos el conocido Thich Nhat Hanh. Kabat-Zin elimina los aspectos religiosos y rituales de la meditación, adoptando la técnica misma de prestar atención sin realizar juicio a un objeto particular, y establece el programa de MBSR (Reducción del estrés basada en la Mindfulness, por sus siglas en inglés), curso de ocho sesiones en el cual se enseñan numerosos ejercicios y meditaciones guiadas con el objetivo de reducir el estrés de los participantes. En estos talleres el participante aprende a familiarizarse con sus pensamientos, adquiriendo la capacidad de distanciarse de ellos y así adquirir mayor libertad, obteniendo resultados muy positivos relacionados con la sintomatología. Al mismo tiempo se hace un hincapié en que la persona adquiera una disciplina y práctica meditativa en su vida cotidiana.


En segundo lugar se encuentra la realización de estudios neurológicos y psicológicos sobre los cambios que produce en el aparato nervioso la meditación. En esta línea, científicos reconocidos como Francisco Varela han estudiado la teoría Budista y con la ayuda de monjes experimentados, entre ellos el Dalai Lama (principal figura del Budismo), muestran cómo la meditación puede reducir el estrés, producir cambios en la configuración cerebral, reducir el peso de los estereotipos, aumentar la sensación de bienestar, y al mismo tiempo, comprueban científicamente los postulados budistas, como por ejemplo, la incapacidad para formular la existencia de un yo como unidad coherente a nivel neuronal.


Una tercera forma de integración ha sido promover una práctica meditativa por parte del terapeuta o profesional de la salud. Se busca que el terapeuta mejore su capacidad de escucha, compasión y tenga una actitud más apropiada para la atención clínica de pacientes. Esta opción es una de las menos mencionadas en la amplia bibliografía sobre meditación en contextos terapéuticos, y adopta más bien la forma de una recomendación o un consejo algo tangencial. ¿Por qué no hacer, más que un hincapié, un llamado constante a que el terapeuta adquiera una práctica meditativa en su vida? ¿Estará relacionado con la forma en que se enseña por lo general a hacer psicoterapia, esto es, un ejercicio teórico? Da la impresión de que la formación profesional psicoterapéutica actual va en la línea de que el terapeuta adquiera, más que habilidades, conocimientos teóricos para su ejercicio clínico.


En este contexto, existe una oposición importante. Por un lado, se puede considerar a la meditación como una herramienta que se le enseñe al paciente y que permita tratar su sintomatología. Y por otro lado, se puede considerar a la meditación como una práctica de transformación personal del terapeuta que le permita ya no adquirir conocimientos, sino que producir un cambio radical en cómo se escucha a alguien que llega a la consulta con un sufrimiento. Nos parece interesante entonces preguntarnos por qué no hay mayor difusión de la meditación (o prácticas similares) en la formación de profesionales de la salud. ¿Es posible ver a la meditación, más que como una herramienta que reporta ciertos beneficios, como una práctica con la que comprometerse? ¿Por qué no dar un lugar central a la transformación del profesional, complementario a la adquisición de un conocimiento? ¿Están las condiciones en la estructura institucional para enseñar estas herramientas o más bien será responsabilidad de cada uno encontrar el camino?

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