¿PSICOTERAPIA O CONSULTA MÉDICA?

Dentro de mi práctica clínica, me ha sorprendido darme cuenta de que, al menos en nuestro país se tiene una visión bastante concreta (y a mi parecer, errada) de lo que es entrar a un tratamiento psicológico o psicoterapia, por lo general existe una visión que se asimila mucho a los que es consultar a algún médico por algún malestar físico.

En la atención psicológica, nos consulta una persona que generalmente, tiene alguna necesidad o algún sufrimiento en particular, ya sea éste algunos síntomas en específico (que de alguna manera el mismo atribuye a una causa psicológica), dificultades con algunas relaciones o simplemente alguna especie de “crisis existencial”, por lo tanto, consulta alguien que busca aliviar cierto malestar que la mayoría de las veces, viene arrastrando hace algún tiempo y siente que no ha podido manejar solo o sola.


Hoy en día, vemos que se ha vuelto algo bastante común asistir a una psicoterapia, lo que hace un tiempo era visto como algo “malo” o algo que necesita la gente muy enferma, aun así, más de alguna vez he escuchado que alguien tiene hora al “loquero”, por lo tanto, se entiende que ver a un psicólogo o a un psiquiatra se relaciona a que ese paciente está “loco” o “enfermo” lo que, en la mayoría de los casos, no es cierto. Se puede ver que hay mil y un motivos por los cuales las personas consultan y estos tienen la característica de generar una especie de “malestar mental o emocional”, no obstante, muchos de ellos tienen la idea de que el psicólogo les dará la solución a sus problemas al modo en que un doctor indica cierto medicamento para alguna enfermedad o dolor. Pacientes esperan que el terapeuta a partir de un consejo, diciéndole que haga esto y esto otro, le solucionará sus problemas. Es decir, busca que le identifiquen su “mal” y le den un remedio o un tratamiento que lo solucionará.


Me ha sorprendido la cantidad de personas que consultan por ejemplo por problemas de pareja y dejan en manos del psicólogo la pregunta “¿me separo o no me separo?”, o pacientes que interpelan al psicólogo para saber qué proyectos seguir, que tienen que hacer cuando sientan angustia, cómo tienen que hablar con sus hijos, esperando que el terapeuta les dé una especie de palabra divina que los ilumine. Cabe preguntarse ¿es el terapeuta la persona indicada para tomar esas decisiones? ¿por qué lo que dice el psicólogo es lo “correcto” o más bien, qué le ocurre a esa persona que no sabe qué hacer con sus propios conflictos?


Por otro lado, es bastante común encontrarse con gente que piensa que con el solo hecho de asistir a psicoterapia la decisión de cambiar ya está tomada, o que su tarea ahora es solo escuchar lo que el terapeuta tiene para decirle. Y es aquí donde quiero enfatizar, ya que efectivamente es un muy buen comienzo el hecho de una persona se decida a consultar y tenga la motivación de asistir a una terapia si así lo necesita, no obstante, el trabajo no queda ahí. Cómo olvidar la idea del propio Freud sobre la terapia, es un servicio en el cual uno (el paciente) “paga” por trabajar, en el sentido de que es ese paciente quien se pone en juego en un proceso terapéutico, es él quien aporta la historia, la forma de ser, el material y las ganas, si éste espera que el terapeuta le dé una pauta de lo que tiene que hacer, decir, crear, etc., estaríamos hablando de una especie de “adoctrinación” de su forma de vida, cuando lo más probable es que haga permanecer que el paciente no cuestione su realidad y su forma de ser y, por ende, no pueda hacer un cambio que signifique algún alivio a su sufrimiento.


En relación a esto, creo que es importante hacer esta distinción, de que la psicoterapia no es lo mismo que una consulta médica, en la primera se busca que el paciente pueda ir tomando conciencia de su vida y de su forma de estar y ser, tanto consigo mismo como con los demás, el rol del psicólogo es hacer una escucha sincera e interpretativa, para poder ir guiando al paciente en sus propio pensamiento y asociaciones. Por lo tanto, el “trabajo” que hace el paciente puede sonar sencillo, pero implica un esfuerzo importante para él ya que, muchas veces hay que decir o hacer cosas que nos molestan y que quizás, preferiríamos no pensar nunca, por lo que creo que el paciente también tiene que preguntarse a sí mismo ¿estoy dispuesto?


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